Subjetividad adolescente

Tercer Concepto:

Aunque es un concepto que fue utilizado en el semestre anterior, ante aquellas circunstancias pude ampliar no basto su revisión en solo ese momento, así que me gustaría regresar a él. Dicho concepto es pensado inicial y habitualmente como rebeldía sin causa pero sin efecto que a mirada de los adultos siempre termina en desastre, subjetividad que es señalada por miles de deberes que demandan la familia, la escuela y la sociedad donde se desarrolla, pero que difícilmente toma en cuenta que se está construyendo con ella, y a su vez, las expectativas de las mismas subjetividades que están sedientas de encontrar su verdadera identidad, donde alguno la encuentran y otro tal vez nunca la logren. Interesa regresar a este concepto porque así como el acelerado mundo en que estamos viviendo está cambiando, así mismo están las subjetividades adolescente esperando construirse, sin embargo parecemos quedarnos atrapados en el pasado queriendo construirla en un presente donde ese pasado ya no encaja, ¿Qué no estamos mirando de esta realidad para la subjetividad adolescente? ¿Qué es lo que las subjetividades adolescentes necesitan y que escapa de los que creo y de lo que conozco? ¿Por qué las subjetividades adolescentes son como son? ¿Qué tipo de subjetividades adolescentes se están formando en este momento?  ¿Qué necesita la escuela secundaria para apoyar la construcción de subjetividades adolescentes adecuadas y correspondientes a sus propias necesidades y del mundo?

Bien, en este campo de relaciones pude moverme a través  de los siguientes autores, donde se pudo recuperar lo siguiente: 

Duschatzky, Silvia y Cristina Corea. Escenarios de expulsión social y subjetividad. Territorios juveniles emergentes. En: Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones. Paidos, Buenos Aires, 2002, 17-54. Fecha de consulta noviembre de 2014.

Prologo

La escuela  no está en el discurso de los chicos: la escuela no podría ser un enunciado en el habla de los chicos, en los modos de percibir y vincularse con los otros, en su relación con la autoridad, en la confianza en un futuro y en el propio esfuerzo para alcanzarlo. Sin embargo, los testimonios hablan de otra cosa: la escuela parece desdibujada.10

La escuela prácticamente ha desaparecido del enunciado; pero se mudo a la enunciación, a la construcción de una posición que habilita que algo le ocurra a quienes transitan por la experiencia de intercambio. Solo que ya no se trata de una mudanza decretada por el Estado, sino de una travesía decidida por el deseo y la obstinación.12

Introducción

Los chicos, cada vez más incluidos en la reproducción de la vida domestica, despliegan variadas actividades, “chicos de la calle”. 15

Escenarios de expulsión social y subjetividad

Idea de expulsión social: se refiere a la relación entre ese estado de exclusión y lo que lo hizo posible, el expulsado es resultado de una operación social, una producción, tiene un carácter móvil. La expulsión social, entonces, más que denominar un estado cristalizado por fuera, nombra un modo de constitución de lo social. El nuevo orden mundial necesita de los integrados y de los expulsados. Estos ya no serian una disfunción de la globalización, una falla, sino un modo constitutivo de lo social. La expulsión social produce in desexistente, se trata de sujetos que han perdido su visibilidad en la vida pública, porque han entrado en el universo de la indiferencia, porque transitan por una sociedad que parece no esperar nada de ellos. 18

El sujeto privado de realizar formas múltiples de vida se convierte en nuda vida. Cuando un sujeto deja de realizarse en sus inscripciones múltiples, trabajador, mujer, hombre, hijo, padre, artista, estudiante, etcétera, se aproxima a la nuda vida.20

Actos o datos reveladores de la expulsión y prácticas de subjetividad, es decir, operaciones que pone en juego el sujeto en esa situación de expulsión: falta de trabajo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegibilidad, violencia, falta de escolarización o escolaridad precarizada, ausencia de resortes de protección social, disolución de los vínculos familiares, drogadicción, etcétera. Las prácticas de subjetividad permiten rastrear las operaciones que despliegan los sujetos en situaciones limite y las simbolizaciones producidas.21

Las formas de producción de la subjetividad no son únicas ni atemporales sino que se inscriben en condiciones sociales y culturales específicas. Una alteración fundamental en el suelo de la constitución subjetiva: el desplazamiento de la promesa del Estado por  la promesa del mercado. Ya no se trata de ser ciudadanos sino de ser consumidores. El mercado se dirige a un sujeto que solo tiene derechos de consumidores u no los derechos u obligaciones conferidos al ciudadano. 21

El otro como espejo, como límite, como lugar de diferenciación y deseo se opaca. Nuestros tiempos nos inundan con mandatos en los que el otro es prescindible. Para satisfacer el deseo de consumo necesito del objeto no del sujeto. Para alcanzar la felicidad me basta  con un conjunto de prótesis de mí mismo: gimnasia, consejos de autoayuda o liftings. 22

La violencia se presenta como el sustrato cotidiano sobre el que se construyen la subjetividad de niños y jóvenes. 22

Hablamos de violencia como sustrato, como condiciones cotidianas, para diferenciarla de la violencia como accidente, práctica excepcional, etcétera. Digamos que la violencia es hoy una nueva forma de socialidad, un modo de estar con los otros, o de buscar a los otros, una forma incluso de vivir la temporalidad. Nuestra hipótesis es que la violencia se presenta como un modo de relación que aparece en condiciones de impotencia instituyente de la escuela y la familia, es decir una época en que parecen haber perdido potencia enunciativa los discursos de autoridad y el saber de padres y maestros, que tuvieron la capacidad de interpelar, formar y educar en tiempos modernos. Despojo de autoridad. 23

Estar alfabetizado, ser ciudadano y tener trabajo nombraba a un sujeto anclado en un lazo social y filiado a una genealogía cultura, la impotencia instituyente habla entonces de la caída no solo de estos referentes o patrones de identidad sino de la propia autoridad simbólica, es decir, de discursos que interpelen, nombren, convoquen a los sujetos, les asignen un lugar en la trama social y los habiliten para la constitución de sus propios discursos. Dufour “sujeto que se define a partir de sí mismo, un sujeto fragmentado, despojado del lazo, que ya no se reconoce en el imperativo tu puedes porque debes sino en el tú debes porque puedes. 25

El semejante no se configura, el semejante no es una construcción espontanea que nace del vinculo entre dos sujetos. El semejante es siempre igual a otro, ante y mediante un tercero. 25

La violencia, no es percibida como tal, en tanto no hay registro de un límite violado. Se trata, en cambio, de una búsqueda brutal y desorientada del otro en condiciones en que el otro no es percibido como un límite. 25

La violencia en los ámbitos analizados se presenta bajo cuatro formas: como estallido (en la escuela), como forma instituida (en los ritos), como componente de un acontecimiento (en fiestas), o como matriz cotidiana (en la calle). En la escuela, la violencia no es vivida por sus protagonistas como un acto de agresividad, sino como un modo de trato habitual y cotidiano. La violencia como estallido es una suerte de energía pulsional no controlable. 26

La idea de que la educación podía transformar a los barbaros en civilizados o semejantes hacia que el otro fuera siempre una potencia de educabilidad. Cuando fueran hombres serian semejantes. La propia educación moral en tanto se apoyaba en la coacción del sí mismo, es decir en el control de las propias pasiones y tentaciones. La educación moral orientada a la regulación del conjunto de los ciudadanos creaba la categoría de semejante como utopía universalizadora. 27

La violencia en la escuela hoy puede ser leída como un síntoma del agotamiento del dispositivo pedagógico moderno, es un fuera de lugar. 28

Territorios juveniles emergentes

El análisis del corpus construido hasta el momento nos invita a sostener la idea de una de una subjetividad situacional configurada por fuera de los dispositivos institucionales modernos. El educador moderno quiere hacer del hombre una obra, y su optimismo voluntarista  se ve sostenido por el resultado de una acción que confirma la influencia educativa en la producción de sujetos. Deslizamiento en los modos de producción de sujetos. 31

Hipótesis: los chicos que viven en condiciones de expulsión social construyen su subjetividad en situación: ritos, creencias, choreo y el faneo como territorios de fuerte constitución subjetiva. 32

Las creencias son consideradas como un modo más de procesamiento de la experiencia cotidiana, asumiendo los atributos de la practicidad y naturalidad conferidos al sentido común. Los personajes que pueblan estos testimonios son las brujas, el diablo, los enanos, los duendes; pero también Dios, devenido un personaje más en la inmediatez de estos relatos. 32

Ritos transmitidos y ritos armados en situación. Se trata de la variación de la institución social del tiempo (tiempo de progreso versus tiempo aleatorio; tiempo lineal y sucesivo versus instantaneidad o pura actualidad). En suma, tiempos regulares versus tiempos alterados. 33

La transmisión educativa hace del alumno un sujeto apto para moverse en otros ámbitos: trabajo, espacio público, familia, en tanto produce competencias y comportamientos transferibles: leer, escribir, argumentar, votar, cumplir obligaciones públicas, intercambiar alrededor de códigos de inteligibilidad compartidos, y en consecuencia dicha transmisión lo filia a una trama simbólica que lo habilita para orientarse en el mundo. 34

El otro no se instituye a partir de la ley estatal sino a partir de las regulaciones grupales, los tiros de situación no se construyen sobre la base de la transmisión intergeneracional sino sobre la transmisión entre pares –intrageneracional-, son frágiles, no general experiencia transferible a otras situaciones sino que cumplen la función de anticipar lo que puede acontecer. El otro es un próximo no un semejante. Solo me debo al próximo, el que comparte mi circunstancia, con el que establezco fidelidades y reglas de reconocimiento reciproco. 34

Los ritos de situación filian a un grupo. 35

El tiempo del rito es un tiempo marcado por una alteración no lineal. El tiempo del mercado es el tiempo actual, el que carece de reglas, se desvanece inmediatamente y sus marcas no se dejan atrapar fácilmente. El tiempo del rito desconoce la distinción entre pasado y presente, no es el cumplimiento de ningún mandato pero su intensidad vivida hace que marque el sujeto que participa de él. En el rito de situación se arma una relación temporal que produce en el sujeto un nuevo estatus. 35

Balardini, Sergio. “Viejas y nuevas formas de ser joven. El impacto de las transformaciones socioculturales en la construcción de las identidades juveniles.” Diálogos del SITEAL, (2010). Fecha de consulta noviembre de 2014, Disponible en: siteal.org/sites/default/files/siteal_dialogo_balardini_20140605.pdf

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se encuentran en el «ojo del huracán» de la principal transformación antropológica que está emergiendo actualmente, de manera especial entre los jóvenes, quienes han nacido y crecido al interior de esta forma novedosa de mediación tecnológica. Jóvenes y demás personas de condición juvenil han convertido estas nuevas formas de producción simbólica y material en sus principales tecnologías de transformación subjetiva, configurándose lo que Donna Haraway denominó «sujeto cyborg».

Visibilizar a los jóvenes como sujetos creadores de nuevos modos de ser, y cuyo aporte a la cultura y sociedad regional es indispensable, por lo cual es necesario considerar criterios que partan de  dichas potencialidades y capacidades en la formación de políticas públicas que posibiliten nuevos y más amplios mecanismos de acceso equitativo a las nuevas tecnologías. Una mejor comprensión de dicho mundo juvenil, unida a procesos de incidencia en políticas públicas y procesos comunicativos de gran alcance, que incluyan las nuevas tecnologías, tiene el potencial de visibilizar la riqueza de ese mundo juvenil y de abrir espacios para la participación cultural y política de ellos en la dinámica de nuestra sociedad.

Para enfocar los modos creativos como los jóvenes de inicios del siglo XXI construyen su subjetividad a partir de la mediación tecnológica, abordaremos inicialmente el asunto específico de la subjetividad desde la perspectiva de Foucault, quien siempre pretendió «saber cómo el sujeto humano entraba en los juegos de verdad» (Foucault,1994ª, p. 105), es decir, que estamos tratando con una categoría relacional; el sujeto no se construye en el vacío o solo, sino en relación con los juegos de verdad de la cultura, de la sociedad en que concretamente el individuo vive su historia. En su obra, Foucault abordó primeramente dichas relaciones desde el ángulo de las prácticas coercitivas (la psiquiatría, el sistema penitencia- rio), luego desde el ángulo de los juegos teóricos o científicos (análisis de las riquezas, del lenguaje del ser viviente) y finalmente desde el ángulo del cuidado de sí mismo, recuperando la tradición greco-romana antigua (Ibíd. p. 106).

El sujeto se constituye a través de una serie de prácticas reales (y no sólo simbólicas) complejas y múltiples que cambian a lo largo de la historia: juegos de verdad, prácticas de poder, etc., a través de las cuales el individuo se constituye o es constituido como sujeto loco o sano, delincuente o legal, etc. Esa fue la postura intelectual inicial de Foucault: un sujeto que no es fundante sino fundado, que no es constituyente sino constituido; siempre es, como nos recuerda Deleuze, ‘el interior de un exterior’ (le dedans du dehors), ya que incluso las técnicas de sí a través de las que el individuo se constituye como sujeto no las inventa él sino que le vienen dadas por la tradición cultural en la que se encuentra insertado. Foucault nunca pensó que un sujeto de tipo fenomenológico, transhistórico, fuera capaz de explicar la razón que siempre es histórica y contextualizada: «…no hay un sujeto soberano, fundante, una forma universal de sujeto que se pudiera encontrar por todas partes…el sujeto se constituye a través de prácticas de subjetivación-sujeción (assujettissement), o de forma más autónoma, a través de prácticas de liberación, de libertad, como sucede en la Antigüedad, a partir, bien entendido, de un cierto número de reglas, estilos, convenciones que se encuentran en el medio cultural» (Ibíd. p. 733).

En sus últimos años de producción académica llega al concepto de «tecnologías del yo», es decir, aquellas que «permiten a los individuos efectuar, solos o con ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, sus pensamientos, sus conductas, su manera de ser; es decir, transformarse con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, de pureza, de sabiduría, de perfección o de inmortalidad» (Ibíd. p. 728). Son las prácticas, concebidas como modos de actuar (prácticas de poder) y de pensar (prácticas de saber) las que permiten comprender la constitución del sujeto. La racionalidad de gobierno viene a ser, por tanto, la expresión de la compleja conjunción de poderes y saberes, así como de los efectos (de orden tanto social como mental) que ello produce en las experiencias que nos constituyen como sujetos. Los individuos son integrados a condición de que su individualidad sea moldeada de una determinada forma y sometida a un conjunto de patrones muy específicos que responden a determinados intereses sociales y políticos (Foucault, 1994ª,  pp. 139-140).

A estos programas racionalizados o conjunto de prácticas discursivas (saber) y no discursivas (poder) estructurado por un objetivo más o menos consciente se refiere Foucault con el término tecnología. Somos el resultado de una gama de tecnologías que toman modos de ser humanos con su objeto. En las sociedades de control se gobierna la subjetividad constitutiva de los sujetos «libres», trasladando la vigilancia ex- terna a la obligación interna de la propia responsabilidad; la forma «encierro», característica de las sociedades disciplinarias es sustituida por formas más sutiles, en la medida en que el saber se ha armado lo suficiente como para permitir el aleja- miento físico de su objeto: el individuo, sin disminuir, por ello, su eficacia política sobre él: «El cuerpo humano existe en y a través de un sistema político. El poder político proporciona cierto espacio al individuo: un espacio donde comportarse, donde adoptar una postura particular, sentarse de una determinada forma o trabajar continuamente» (Foucault, 1994b, p.  470).

Este proceso de moldeado voluntario o autogobierno se compren- de mejor si tenemos en cuenta que estas tecnologías de la subjetividad mantienen una relación simbiótica con un tipo particular de tecnologías denominadas por Foucault tecnologías del sí mismo, que incluyen mecanismos de (auto) orientación o formas por las cuales los individuos se vivencian, comprenden, juzgan y se conducen a sí mismos. Nos referimos a prácticas voluntarias por las que cada sujeto crea normas para su existencia, a fin de transformar- se a sí mismo en función de determinados valores y criterios, y es allí precisamente donde se sitúa la posibilidad de resistencia.

Si las tecnologías del poder actúan sobre los individuos desde el exterior, sometiéndolos a una subjetivación coactiva y heterodirigida, las tecnologías del yo actúan sobre los individuos desde su interior permitiendo su constitución en sujetos éticos. Ética significa aquí un arte de vivir, una es- tética de la existencia individual, un esfuerzo por desarrollar las propias potencialidades, una aspiración a construirse a sí mismo como una obra de arte, más que una moral entendida como la exigencia de obedecer un sistema de reglas, un código, que además suele pretender ser universal. La ética en este sentido es un aspecto de la relación con uno mismo que presenta cuatro aspectos: la sustancia ética (parte de uno mismo que se relaciona con la moral); el modo de subjetivación- sujeción (la manera en la que se in- cita a los individuos a ser morales); la ascesis o práctica de sí (medios a través de los que nos transformamos en sujetos morales); la teleología moral (lo que queremos llegar a ser a través de la moral) (Foucault, 1994b,  pp. 394-396).

Esta ética como arte de vivir está muy relacionada con esa ‘cultura de sí’ que Foucault analizó en la antigüedad clásica, griega, helenística y romana, en tanto que primer capítulo de la historia de las tecnologías del yo que pretendía escribir al final de su vida. En efecto, el desplazamiento del estudio de la heteroconstitución externa, pasiva, del sujeto por las relaciones de poder hacia la autoconstitución interna, activa, del sujeto a través de las técnicas del yo se vio acompañado por el desplazamiento de la época moderna (Renacimiento, época clásica, siglo XIX) a la antigüedad como campo de estudio privilegiado. Este desplazamiento tuvo como objetivo permitir que los efectos de los saberes constituidos y de los sistemas normativos muy codificados no ahogaran las formas de la relación con uno mismo que se trataba de estudiar, así como el analizar  formas de relación consigo mismo diferentes de las que caracterizan la modernidad. De esta manera Foucault proporciona una gran perspectiva histórica a su enfoque genealógico que, no lo olvidemos, tiene siempre los ojos puestos en las exigencias del presente y no es una mera retrospectiva anticuaria de cuño historicista.

Pero antes de continuar debemos preguntarnos qué tipo de sujeto analiza aquí Foucault. No es el sujeto-substancia que al final coincide con su alma como en Platón; tampoco es el sujeto jurídico, el sujeto de derechos y deberes, sean estos considerados como derechos naturales o como productos del derecho positivo; sino que es más bien un sujeto como forma, un sujeto móvil y plural que constituye más bien un conjunto de posiciones de sujeto, una serie de diferentes papeles que los individuos adoptan en los diferentes ámbitos de su vida. El sujeto es el resultado de una serie de relaciones con la ver- dad, con las normas y con ellos mismos que llevan a cabo los individuos: procedimientos, técnicas, ejercicios mediante los cuales el sujeto se constituye en objeto de conocimiento para sí mismo, y conoce además el mundo, prácticas ‘ascéticas’ que le permiten transformar su manera de ser, su ethos, de acuerdo con las normas morales, etc. Un sujeto, además, cuya constitución está relacionada esencialmente con el campo de las relaciones de poder, relaciones ejercidas por los otros sobre uno mismo y por uno mismo sobre los demás. No basta el nivel de lo simbólico para la constitución del sujeto: »Hay una tecnología de la constitución de sí que atraviesa los sistemas simbólicos, aunque los utilice» (Ibíd.  p. 628).

Foucault comienza su análisis de las tecnologías del yo en el marco de la cultura de sí que surgió en el helenismo griego y romano y que coloca el imperativo de ocuparse de uno mismo, la epimeleia heaotou, la cura sui, en el centro de las preocupaciones del individuo. Esta ‘cultura de sí’ surgió como  una actitud que impregnó las formas de vida, se desarrolló a través de una serie de procedimientos prácticos, dio lugar a prácticas sociales e instituciones, e, incluso, contribuyó a la instauración de un cierto modo de conocimiento y a la elaboración de una serie de saberes (Foucault, 1984). El cuidado de sí que constituía el centro de esta cultura del yo, presentaba tres componentes distintos: la dietética a través de la cual se establecía una relación reflexiva con el propio cuerpo mediante la observación de un régimen, es decir de «una estructura voluntaria y racional de conducta», que partiendo de la constatación de la fragilidad del cuerpo humano buscaba en el en- torno amenazador lo que podía favorecer sus capacidades y evitaba lo que podía debilitarlo; la economía, a través de la cual se trenzaban las relaciones familiares que tienen en la casa (oikos) su centro y a la esposa como elemento esencial; en la época helenística la relación entre los esposos se ajustaba a una ‘estilística de la existencia’ centrada en ‘un arte del lazo con- yugal’, una ‘doctrina del monopolio sexual’ y una ‘estética de los placeres compartidos’; por último, la erótica, especialmente en relación con los jóvenes, que en esta época sufre una cierta depotenciación dada las dificultades que tenían es- tas relaciones para ser la base de un auténtico estilo estético de vida, a pesar de que nunca fueron condenadas de forma explícita.

Recogiendo toda esta reflexión con- solidada por Foucault y sus condiscípulos, podemos afirmar que pensar al sujeto implica apreciarlo como producto histórico y político. Res- pecto al problema planteado por el artículo, nos estamos refiriendo no a una subjetividad juvenil universal e intemporal, sino que se indaga por quiénes son en este preciso momento de la historia, por un «nosotros» juvenil constituido en un espacio y un tiempo determinado. Es una pregunta por la constitución histórica de esta subjetividad. El sujeto no es una superficie plana y constante, sino poliédrica y variable, lo que implica dar cuenta de los procesos heterogéneos que lo configuran como cierto tipo (juvenil, en este caso) a partir de distintas prácticas históricas (la mediación tecnológica en general, y las NTIC en particular) y en diferentes ámbitos, procesos que Foucault denomina de subjetivación: «yo llamaría subjetivación al proceso por el cual se obtiene la constitución de un sujeto, más exactamente de una subjetividad, que no es evidentemente más que una de las posibilidades da- das de organización de una conciencia de sí» (Foucault, 1994c, p. 706).

Maffesoli, Michel. El tiempo de las tribus. El ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas. Traducción de Daniel Gutiérrez Martínez, siglo veintiuno editores, México, 2004. Fecha de consulta noviembre de 2014.

Metáfora del tribalismo: pequeñas entidades que han estado (re)apareciendo progresivamente. Se trata de microgrupos emergiendo en todos los campos (sexuales, religiosos, deportivos, musicales, sectarios). Haciendo referencia a la jungla de asfalto, “selvas de piedra”, se hierven en ellas dinámicas tan importantes como lo es el “sentimiento de pertenencia”, es decir, un reconocimiento mutuo, es el hecho de ceñirse y codearse unos con otros, donde se favorece una forma de solidaridad.

La paradoja es la marca esencial de los momentos cruciales y de los cambios históricos. Es decir, comprender “la cosa y su contrario”, la imagen del espejo a la inversa. La paradoja es una manera de comprender la posmodernidad, en las sociedades contemporáneas, pero también lo fue a lo largo de los tiempos.

Las prácticas juveniles muestran que hay un verdadero abismo entre la dimensión histórica mortífera instituida y fastidiosa, y una forma de intensidad subterránea.

Nietzsche: la anomia, que es hoy lo que parece será, lo canónico del mañana, es decir, una energía contenida en la necesidad del exceso, del desorden, necesidad de lo que viene a romper con el encierro, en las sociedades demasiado ensimismadas en una lógica de ruptura analítica. Es a partir de esta noción que se pueden comprender las tendencias de las nuevas generaciones, las cuales ya no se reconocen en las certidumbres, morales, científicas, sociales, políticas de antes, sino que intentan de manera explícita o no, introducir una “forma” de desorden, de fuerza y del desarreglo que está de ahora en adelante dibujando lo que serán las sociedades del mañana.

Se trata aquí de una tensión fundadora, que creo caracteriza la socialidad de este fin de siglo. A diferencia del proletariado o de otras clases, la masa, o el pueblo, no descansa sobre una lógica de la identidad; al no tener un objetivo preciso, no es el sujeto de una historia en marcha. La metáfora de la tribu permite, como tal, dar cuenta del proceso de desindividualización, de la saturación de la función que le es inherente y de la acentuación del papel que cada persona está llamada a desempeñar en su seno.

Se da por supuesto que, así como las masas se hallan en perpetua ebullición, las tribus que se cristalizan en ellas no son estables y que las personas que componen estas tribus pueden cambiar de una a otra.

El hombre en relación. No sólo la relación interindividual, sino también lo que me liga a un territorio, a una ciudad, a un entorno natural, que comparto con otros. Así podríamos definir las pequeñas historias vividas día a día: tiempo que se cristaliza en espacio.

Según la expresión trivial; “hay que contentarse con lo que nos toca”. De ahí una apropiación, por relativa que sea, de la existencia. En efecto, al no apostar ya por una posible vida perfecta, ni por un paraíso celeste o terrestre, nos conformamos con lo que tenemos. Y cierto es que, más allá de sus diferentes y a menudo pobres declaraciones de intención, los protagonistas de la vida común y corriente son, de manera concreta, de una gran tolerancia para con el prójimo, los otros, lo que ocurre. Esto permite que, de manera paradójica, pueda brotar de la miseria económica una innegable riqueza existencial y relacional. En este sentido, tomar en consideración la proxémica puede ser el medio apropiado para superar nuestra habitual actitud de sospecha y para apreciar las intensas implicaciones personales e interpersonales que se expresan en lo trágico cotidiano.

La proxémica remite esencialmente a la fundación de una sucesión de “nosotros”, que constituye la sustancia misma de toda socialidad.

“Galaxia electrónica”, lo que podría ser el “modelo de una nueva aldea global”. Así, por medio de múltiples mediaciones (el Minitel sólo es una entre muchas otras), se constituyen “tribus” deportivas, amistosas, sexuales, religiosas, u otras; cada una de ellas con una duración de vida variable según el grado de implicación de sus protagonistas.

La racionalidad que se anuncia es principalmente proxémica, intensiva (in-tensión), organizándose alrededor de un pivote (gurú, acción, placer, espacio) que a la vez une a las personas y las deja libres. Es una actitud centrípeta y centrífuga, De ahí la inestabilidad aparente de las tribus: el coeficiente de pertenencia no es absoluto, y cada cual puede participar en una multiplicidad de grupos, invistiendo en cada uno de ellos una parte no desdeñable de sí mismo.

“Cultura de empresa” y la admisión de la existencia de otra cultura: la de los sentimientos comunes.

Se trata de la antigua paradoja que existe entre los que quieren explicar (allanar), regir la vida, y esta vida misma, que siempre escapa a la explicación. La primera sensibilidad procede por distinción y por análisis subsiguiente, mientras que la segunda prefiere la conjunción y la captación global de los distintos elementos del dato  mundano.

Lo propio de lo que, a falta de mejores términos, podemos llamar el pueblo o la masa, es preocuparse de lo que le es cercano, de ese cotidiano monstruoso, estructuralmente heterogéneo, en una palabra, estar en el centro de una existencia que es muy difícil de intimar. De ahí su rechazo, casi consciente, de ser lo que sea.

Resaltar la pertinencia de esta perspectiva global en un mundo donde, por no haber nada importante, todo tiene importancia; donde, desde el más grande al más pequeño, todos los elementos se corresponden entre sí.

En nuestra preocupación, heredada del siglo XIX, por someter todo a la razón y pedir razones a todo, olvidamos, empleando una bonita expresión de Silesius, que “la rosa está sin porqué”. Desde un punto de vista epistemológico, como consecuencia de haber insistido demasiado en lo “dicho” de las relaciones sociales, hemos olvidado que éstas descansaban también en lo “no dicho”.

He aquí la apuesta mayor de la reflexión que intentamos esbozar: comprender que existe una lógica societal que, sin obedecer a las reglas bastante simples del racionalismo monocausalista, no es por ello menos real.

La vida social es en numerosos aspectos, monstruosa, dispersa, siempre en un lugar distinto donde se creyó haberla fijado. Es el pluralismo que la mueve con profundidad, y este estado de cosas es el que conviene aprehender.

Vásquez, Jorge. “Subjetividades juveniles y discurso del éxito. Entre la emancipación y la institucionalización de las prácticas.” Anuario Electrónico de Estudios en Comunicación Social Disertaciones, Vol. 3, No. 1, (2010), 36-57. Fecha de consulta noviembre de 2014,  Disponible en: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/Disertaciones/

La configuración de las subjetividades juveniles en el escenario contemporáneo se da en una relación de tensión con discursos articuladores de lo que hemos denominado “disciplina neoliberal”. El “discurso del éxito” es una manifestación de la ideología predominante que a la vez conforma escenarios paradójicos en los cuales las agregaciones identitarias juveniles se encuentran entre la emancipación y la institucionalización de sus prácticas.

La reflexión sobre los jóvenes es un punto de entrada acertado para comprender el mundo contemporáneo porque permite que, a través de las distintas “formas de existencia” con las que se manifiestan, consigan objetivar las realidades diversas que configuran el actual escenario de lo social.

Desde una visión cultural se puede reconocer en sus expresiones y agregaciones juveniles una construcción de identidad que es signo de procesos culturales de hibridación y que a su vez demandan la emergencia de un proyecto político nuevo para una sociedad en constante transformación. De aquí que el reconocer a las llamadas “tribus urbanas” como adscripciones identitarias, que ejemplifican los rasgos posmodernos de la actual coyuntura, sea una de las señales más importantes en la reflexión acerca de los jóvenes.

Para argumentar que hay una propuesta identitaria para la construcción de los sujetos juveniles pretendemos referirnos al éxito mediante la búsqueda de un cierto “orden del discurso” que nos permita comprenderlo como acontecimiento o confluencia de acontecimientos y yuxtaposición de diversos enunciados.

Cuando hablamos del discurso del éxito estamos hablando de “algo que la gente habla” y que, aunque quizá no todos quisiéramos entrar en este discurso, las instituciones lo han reproducido de una forma tal que llega a tocar nuestros deseos (y con ello las diversas instancias de nuestra vida) provocando una forma de comprender el poder. Son principalmente las instituciones que gestionan los bienes simbólicos las que conforman la fuente para que los individuos consuman “guías para el éxito”, “recetas para triunfar en la vida”, “hábitos para ser altamente efectivo”, “consejos astrales”, etc. Por esto decimos que las industrias mediáticas se convierten en la base institucional sobre la cual se apoyan una serie de prácticas discursivas que ejercen sobre los individuos la imposición de una determinada concepción de la vida que identifica la felicidad como un estado permanente cuando se triunfa en el mundo de los negocios dentro de lo que denominaremos “disciplina neoliberal”.

Aun considerando la existencia de agrupaciones juveniles que pueden ser consideradas como expresiones rizomáticas (sin centro o núcleo dominante, abierto a ramificaciones, libertad autoorganizativa, expansión versátil en diversas direcciones), que desestabilizan la máquina adultocéntrica, podemos constatar que existe una gran masa de jóvenes institucionalizada. El carácter de tribalismo no se limita únicamente a aquellos grupos que hacen de la calle el espacio para fraguar expresiones culturales que demandan un reconocimiento de su identidad, sino que también está presente en aquellas agrupaciones que se integran al mercado mediante la apropiación de un discurso que dicta lo que debe hacerse para integrarse “correctamente a la sociedad”.

Como Foucault mostró en sus trabajos acerca del poder, éste funciona cuando los individuos incorporan en sus actos el control ejercido desde un proyecto hegemónico. En este sentido, las subjetividades juveniles, que van constituyéndose en una complejidad social que pueden encontrar en los sentidos atribuidos a su propia acción y experiencia de sí claros signos de una convivialidad emocional y flexibilidad social, pueden también encontrarse en las expresiones juveniles prácticas que contribuyen a la reproducción de la hegemonía.

El cuestionamiento de la noción del sujeto como pasivo, cuyo cuerpo ha sido únicamente destino de la negación y causa de los complejos de culpa, es planteado en los jóvenes desde las prácticas de sí que evidencian un cuerpo como vía de expresión de nuevos saberes y sentires diferentes a los institucionalizados. Las agregaciones identitarias de los jóvenes expresan además el rechazo a un modelo de Estado que pretende manejar un discurso disciplinario para asegurar el poder establecido y la perduración del sistema que provoca que este poder pueda ser garantizado. En este medio las formas cómo los jóvenes construyen identidades, sin tener como único referente el imaginario creado por las instituciones regulares, abren ya una puerta para descubrir otras formas posibles de socializar.

Las expresiones juveniles emancipatorias constituyen prácticas reiterativas que permiten generar otras formas de ser desde la grietas del sistema, pero que se debaten con la centralidad hacia la que el discurso del éxito/mercado intenta incorporarlas, justamente al concederles reconocimiento.

Sin embargo, aunque desde la visión simbólica-cultural la sociedad reconoce distintas agrupaciones juveniles, no ha sido tan significativa la atención que se ha prestado a la forma cómo también pueden articularse las distintas formas de expresión juvenil en la masa de jóvenes que no se adscribe a ninguna identidad juvenil en particular.

Particularmente, creemos que en nuestra sociedad se ha generado una expectativa por la construcción de un sujeto marcado por “el éxito” y que este elemento se articula en un discurso que, aún con todas las mediaciones, llega a los jóvenes a través de instituciones de diferente naturaleza. Esto provoca que se manifieste una tensión entre las agrupaciones identitarias que se construyen, como una réplica a la figura del sujeto exitoso y la de aquellos jóvenes que configuran sus aspiraciones de acuerdo al modelo de sujeto que propone el discurso del éxito.

Por lo tanto, intentaremos describir “el éxito” como una práctica discursiva que se circunscribe en la sociedad como una ideología, para luego mencionar que provoca un enfrentamiento entre la emancipación y la dominación en el contexto de las distintas expresiones juveniles. De tal forma que luego de considerar “el éxito” como un discurso de la sociedad actual lo veremos como un sistema ideológico que enfrenta a formas juveniles diversas. Quizá las nuevas tecnologías de la información y la comunicación sean el espacio que permita encontrar algunas vías posibles para mediar este enfrentamiento mediante una nueva forma de imaginar la condición del sujeto desde la hipótesis cyborg que obliga a romper el pensamiento dualista y la centralidad del sujeto occidental que es también el enunciatario del éxito.

Foucault señala cómo desde la antigua Grecia la relación entre estar ocupado consigo mismo y la actividad política ha consistido un problema que posteriormente se lleva a la pedagogía hasta que, con Platón, se concede prioridad al principio délfico “conócete a ti mismo”. Sin embargo, en el posterior desarrollo de la filosofía grecorromana, hasta los estoicos y la escolástica, la idea del “cuidado de sí” es retomada y de una u otra forma está relacionada con las actividades políticas; es decir, con la forma de participación en la vida pública, aún en aquellos casos de anacoresis en los que para procurar el cuidado de sí los individuos se retiraban al desierto. Las prácticas para el cuidado de sí fueron inicialmente un asunto de los jóvenes y sobre todo más enfático en el desarrollo de la pedagogía socrática, pero luego se llevó a todos los sujetos como una serie de ejercicios en los que se procuraba el cuidado del cuerpo y la escritura, y la revisión mental de la jornada como cuidado para el alma.

Es importante conocer el génesis de estas tecnologías para comprender que en la sociedad actual estas prácticas se alimentan de bienes culturales a elección de los individuos. Estos bienes culturales ayudan a la construcción de la identidad y también demandan una tecnología para constituirse como fuente para la construcción de la identidad juvenil.

Esta información se encuentra en los siguientes enlaces en formato .doc:

06122014 Punteo Subjetividad adolescente

06122014 Escrito Subjetividad adolescente

Para consultar los textos de Barladini, Sergio y Vazquez, Jorge. De clic en los siguientes enlaces:

PDF Balardini Sergio

PDF Vazquez Jorge

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